Ser sostenible no es una moda ni un eslogan. Es decidir hoy qué herencia les dejamos a los que vienen.
Cuando digo que Talca está cambiando, no me refiero a una promesa. Me refiero a algo que usted ya puede ver: un bus eléctrico que no cobra a quien más lo necesita, 83 kilómetros de ciclovías, retiro de reciclaje en domicilio, compostaje, educación ambiental en nuestros colegios. Y en el horizonte, una ciudad donde el Parque Río Claro y el Bosque Municipal se conecten como una gran columna verde.
Bajo el liderazgo del alcalde Juan Carlos Díaz, este enfoque está en el centro de nuestra planificación. No como ideología, sino como sentido común: el desarrollo que hipoteca el futuro no es desarrollo, es deuda disfrazada de progreso.
Pero si algo he aprendido trabajando en planificación es que ninguna obra sostiene por sí sola a una ciudad. Lo que sostiene a Talca son sus vecinas y vecinos.
El municipio puede trazar ciclovías, pero si nadie las usa, son solo pintura en el asfalto. Podemos instalar puntos de reciclaje, pero si no separamos en casa, el esfuerzo se pierde. Podemos proyectar el parque más hermoso de la región, pero si no lo cuidamos entre todos, vuelve a llenarse de basura en un fin de semana.
La ciudad sostenible no se construye desde el municipio hacia afuera. Se construye desde cada hogar.
No te pido un sacrificio heroico. Te pido que recicles, que camines, que cuides la plaza del barrio como si fuera tu jardín. Porque en cierto sentido, lo es.
Talca tiene todo para ser una ciudad mejor. Ese futuro depende también de cada uno de nosotros. ¿Te animas a ser parte del cambio?

