Con un tono solemne, apelando a la épica fundacional del gremialismo y con un mensaje directo hacia la interna del partido, Evelyn Matthei protagonizó el momento político más intenso del Consejo Directivo Ampliado de la UDI, que cerró su segunda y última jornada con un reconocimiento a la excandidata presidencial por su trayectoria.
Lejos de la autocomplacencia, Matthei optó por un discurso de fondo, cargado de advertencias y definiciones, en el que llamó a la UDI a no extraviarse en la disputa por cargos ni en la adaptación oportunista al clima político del momento.
“Gracias por el compromiso, por el tiempo, por la convicción de seguir participando en un proyecto político que no nació para la comodidad, sino para servir a Chile en momentos difíciles”, partió señalando, marcando desde el inicio el eje de su intervención.
“Hoy no quiero hablar de personas. No quiero hablar de cargos ni de tácticas, ni siquiera de elecciones”, enfatizó la exalcaldesa, para luego situar el debate en lo que definió como el núcleo del partido: la lealtad.
“Lealtad a nuestros principios, lealtad a nuestra historia y, sobre todo, lealtad a Chile”, remarcó ante un auditorio que la recibió con un aplauso cerrado y vítores.
En ese contexto, Matthei reivindicó el origen de la UDI como algo más que una estructura partidaria.
“La UDI no nació como un partido más, nació desde una convicción profunda”, sostuvo, recordando el énfasis histórico en el orden, la responsabilidad, la autoridad moral y un proyecto de desarrollo basado en la dignidad de la persona humana, la libertad y el mérito.
Incluso aludiendo a su pasado en Renovación Nacional, recalcó sentirse parte de esa identidad, defendiendo un Estado al servicio de las personas y no al revés.
El discurso avanzó luego hacia un diagnóstico severo del momento que vive el país. Matthei habló de una “crisis muy profunda”, marcada por la inseguridad, la improvisación en la gestión pública y una crisis moral donde —dijo— se relativizan valores como el respeto a la ley, el mérito y la probidad.
Frente a ese escenario, lanzó una de sus frases más duras: “Nuestra obligación no es acomodarnos al clima del momento, nuestra obligación es decir la verdad, aunque cueste y aunque se pierdan votos”.
Pero fue al advertir sobre los riesgos de abandonar los principios cuando Matthei subió el tono y apuntó directamente a un espejo incómodo para la UDI. “Vean la Democracia Cristiana si quieren saber lo que no podemos ser”, sentenció, en una comparación que marcó su discurso.
La referencia no fue casual: para la exministra, cuando un partido olvida su razón de ser y diluye sus convicciones, “pierde su alma” y termina irrelevante para el país.
En esa línea, insistió en que la lealtad partidaria no se mide por obediencia personal, sino por coherencia con los principios, poniendo el bien común por sobre el interés individual.

