El Gobierno de Cuba enfrenta una de sus crisis energéticas más severas desde la revolución, luego del quiebre del suministro petrolero venezolano y el endurecimiento de las sanciones de Estados Unidos. En una inusual alocución televisiva, el presidente Miguel Díaz-Canel reconoció que el país atraviesa un escenario “muy difícil”, con riesgo de un desabastecimiento “total y agudo” de combustible.
Según datos oficiales y estimaciones independientes, Venezuela aportaba cerca del 30% del petróleo que consumía la isla en 2025, mientras que dos tercios del combustible requerido deben importarse. La situación se agravó tras la paralización de la generación eléctrica basada en diésel y fueloil, que representaba cerca del 40% del mix energético, y la ausencia de nuevos envíos de crudo desde diciembre pasado.
Ante este panorama, el Ejecutivo cubano anunció la reactivación de medidas de emergencia inspiradas en el llamado “Periodo Especial” de los años 90, incluyendo el concepto de la “opción cero”, que contempla racionamiento extremo, priorización de actividades productivas esenciales y alternativas como transporte no motorizado. Las autoridades advirtieron que el impacto alcanzará áreas clave como el transporte, la producción de alimentos, los servicios de salud y la actividad económica en general.

