Columna de opinión
A fines del mes de diciembre ingresé una solicitud formal a la Ilustre Municipalidad de Talca, dirigida al señor alcalde Juan Carlos Díaz, con un objetivo claro y profundamente humano: avanzar de manera seria y responsable en la accesibilidad universal para personas con discapacidad visual en las calles céntricas de nuestra comuna.
No se trata de una petición antojadiza ni de un privilegio especial, sino del legítimo ejercicio del derecho a la igualdad de oportunidades y a la inclusión social, consagrados en la Ley 20.422 y en el Decreto Supremo N°50.
Talca es una ciudad hermosa, viva y en constante crecimiento. Sin embargo, para quienes vemos de manera distinta, personas con baja visión o visión limitada, ese crecimiento no siempre se traduce en seguridad, autonomía o dignidad.
La ausencia de demarcaciones podotáctiles, la falta de contrastes cromáticos en soleras, pasos peatonales y escaleras, así como la escasa señalización accesible en espacios de alto tránsito peatonal, convierten el desplazamiento cotidiano en un desafío permanente.
Es cierto que algunas de estas medidas existen, pero de forma parcial, discontinua o sin criterios técnicos homogéneos. Esa fragmentación también excluye.
Una ciudad verdaderamente inclusiva no puede depender del azar ni de la memoria individual para desplazarse con seguridad. Mucho menos cuando hablamos de derechos fundamentales.
Cada paso se da con incertidumbre. Cada cruce se vive con temor. Cada espacio público sin señalización adecuada se transforma en un obstáculo invisible que solo quienes vivimos esta realidad podemos reconocer.
La accesibilidad no es solo infraestructura: es respeto, empatía y responsabilidad pública. Es comprender que detrás de cada persona con discapacidad visual hay historias, familias completas y redes de apoyo que muchas veces se ven forzadas a suplir lo que la ciudad aún no garantiza.
Por ello, en dicha solicitud también propuse que este tema sea planteado en una sesión del Concejo Municipal. Es fundamental que las autoridades tomen conciencia y miren con seriedad la realidad precaria que enfrentamos muchas personas con baja visión.
No deberíamos depender siempre de un tercero para desplazarnos con tranquilidad. La accesibilidad devuelve algo esencial: independencia, respeto y confianza.
En este mismo camino de visibilización y educación, quiero destacar la entrega gratuita de lanyards con el lema “Baja Visión”, iniciativa impulsada y financiada de manera personal por mí, como fundadora, Paola Zúñiga Ruiz, quien padece Retinosis Pigmentaria desde hace algunos años.
Estos cordones no buscan etiquetar ni generar lástima, sino informar, educar y promover el respeto. Muchas veces esta condición no es visible a simple vista, y eso también genera incomprensión.
A la fecha, se ha entregado una cantidad significativa de lanyards en la comuna, la región y distintos puntos del país.
En lo personal, me siento profundamente agradecida de Dios y feliz de poder realizar esta acción solidaria y educativa, que continúa llegando a personas que necesitan ser visibilizadas y comprendidas.
Es un anhelo profundo que Talca nos abrace a todos y todas, sin exclusiones. No pido privilegios, pido igualdad de condiciones para transitar con la misma tranquilidad que cualquier ciudadano.
La ausencia de estas demarcaciones no es una percepción subjetiva; es una realidad diaria que expone a caídas, desorientación y accidentes evitables.
La inclusión no se proclama, se construye. Y hoy, nuestra ciudad tiene la oportunidad y la responsabilidad de dar ese paso.
Paola Zúñiga Ruiz
Fundadora de la iniciativa Lanyards Baja Visión
Persona con discapacidad visual (Retinosis Pigmentaria)

