Nuevos antecedentes incorporados a la investigación sobre Rodrigo Rojas Vade revelan que su teléfono registró cerca de mil conexiones a antenas móviles en los días previos a su aparición herido en la Ruta 78. El análisis de geolocalización muestra un patrón llamativo: escaso movimiento fuera de su domicilio en Pomaire, lo que comienza a tensionar la tesis inicial de un eventual secuestro.
Los informes recopilados por la fiscalía y la PDI detallan además un flujo mínimo de llamadas, concentradas únicamente en su círculo familiar. En paralelo, el levantamiento del secreto bancario —ya autorizado por el tribunal— busca esclarecer movimientos financieros que podrían resultar clave, como la eventual compra de elementos utilizados en el incidente. Todo esto ocurre mientras la principal hipótesis investigativa apunta cada vez con más fuerza a un posible autoatentado.
Pese a la acumulación de datos técnicos, la causa aún no tiene un desenlace claro. Restan peritajes relevantes —incluidos análisis de evidencia encontrada en el vehículo y en el propio cuerpo del exconvencional—, además de una nueva declaración del protagonista, quien ha señalado no recordar lo ocurrido. Así, entre coordenadas, llamadas y cuentas bancarias, la investigación avanza… aunque la verdad, por ahora, sigue sin contestar el teléfono.

